S.F.W. (Chapter V)
Todo estaba oscuro. Se oía el rechinar de las patas de los grillos y un profundo silencio detrás de ese sonido. Di un par de pasos y ya se sentía la humedad, el sereno. Yo andaba en shorts cortos de casa y descalzo por la avenida. Hacía calor. No había nadie, sin embargo seguía caminando. Mientras avanzada a lo lejos se empezaba a oír una voz; era una voz familiar; más de curiosidad que de ganas seguí avanzando para descubrir quién era. Al llegar a la esquina del block me di cuenta que no había nadie cerca. Miré a ambos lados y en vez de cruzar a la otra acera, decidí voltear y dar marcha atrás. Al girar me di con la espalda de alguien. Reconocí el cabello entrecano, era López. Estaba quieto, con la cabeza medio inclinada mirando el piso, traía puesto un traje azul navy, parecía como ido, le hablé y empezó a caminar. Al no oír respuesta fui tras de él, él avanzaba mucho más rápido, por más que me esforzaba no lo alcanzaba, parecía que un paso de él eran tres míos, me frustraba, empezaba ya a sudar y a angustiarme al no alcanzarlo, cada vez había más distancia entre nosotros, peor aún al hablarle sentí que mi voz se ahogaba, que no salía de mi boca, empecé a correr, pero él ya estaba muy lejos, corrí mucho inútilmente, agotado me detuve, mi cuerpo estaba empapado en sudor, respiraba corto y muy rápido, él se detuvo finalmente giró hacía mi, me sonrió y retomó su camino. ¡Espera! – grité con todas mis fuerzas- una vez más no me oyó. Todo estaba oscuro, se oía el rechinar de las patas de los grillos, aún estaba sudando, estaba tendido en mi cama, con las piernas atoradas en las sabanas, y la boca seca, me quedé mirando el techo un rato, fue tan real, quería entenderlo, por qué no pude alcanzarle, seguía mirando el techo, inmóvil, en el techo tenía constelaciones hechas con estrellas brillantes de diferentes tamaños, se escuchaba el sonar del reloj, aún tenía la imagen en mi mente, ¿por qué no se dejó alcanzar? Me coloqué de costado en posición fetal, aún echado en la cama mientras me desataba los pies de las sabanas y abrazaba mi segunda almohada, miré la ventana y me levanté con cadencia, estaba como agotado, necesitaba buscar un poco de agua, busqué mis slaps y me dispuse a ir a la cocina, al bajar las escaleras me di cuenta que el bolso de mamá seguía en la sala, sentía mucha curiosidad, quería saber más acerca de cuánto se conocían ella y López, avance hacía la cocina, tome un vaso y una jarra de vidrio, abrí el grifo y llené la jarra con agua ¿se conocerán desde hace tiempo? (Me preguntaba) Nuevamente salí a la sala sirviéndome un poco de agua mientras avanzaba tratando de ya no pensar en nada, imposible por cierto, tome un sorbo y vi nuevamente el sillón, no aguantaba, quería lanzarme al bolso y revisarlo todo, jamás había hecho algo así, aunque debo confesar haber tomado dinero de la mesa de noche de mi madre alguna que otra vez, dejé la jarra en la mesa junto con el vaso y me abalancé hacía donde estaba el bolso, y donde yo pensaba encontraría respuestas a mis angustias.
- ¿Rodrigo? ¿Qué haces hijo? ¿No puedes dormir? Con mucha naturalidad me dejé caer en el sillón y cojí el control remoto, encendí la tele.
- No, creo que los tallarines siguen dando vueltas en mi panza.- respondí sin mucho ánimo.
- Ay Hijo, dijo mamá con voz muy suave mientras bajaba y se sentaba a mi lado ¿Sería apropiado que le diga algo? (pensaba) vergüenza no tenía, no había hecho nada que ella no supiera que yo ya hubiera hecho, lo terrible para mi era pensar que ambos estuviéramos saliendo con la misma persona, peor aún estar "interesados" en la misma persona, no podría manejarlo, por varias razones, la primera, hacía tiempo que ella no salía con alguien y si fuera ese el caso, definitivamente sucedía porque le interesaba aquella persona, la segunda, me sentiría tremendamente incomodo verme atraído de la misma forma que ella hacía la misma persona, la tercera y más importante no sería justo para ninguno de los dos, además no estaba seguro si López sabría quien era yo y cuál era mi parentesco con ella.- Ro, estás como ido, hijo, ¿todo bien, de verdad? Como no responder con sinceridad a un canto tan suave, y melódico como era su voz.
- Si ma, todo bien (mentí)
- Que bueno hijo, yo ando medio nerviosa – dijo volteando a mirar la tele
- ¿Ah si? Y ¿por qué? Mi madre hizo un silencio, tomó un respiro y volteo a mirarme.
- Hijo, he conocido a alguien. Mi pequeño corazón se estrujó, sentí que la cara me empezaba a arder, respiré profundo para no dejar notar lo afectado que estaba, era evidente de quién estábamos hablando.
- ¿Ah si? ¿Y podemos saber de quién nos estamos enamorando? - Le dije, mientras le hacía una cosquilla en su vientre y regalándole una sonrisa.
- Ro, te quiero mucho ¿lo sabes no?
- Si madre, claro que lo sé.
- Antes que nada quiero que sepas que nadie te reemplazará nunca, tú siempre serás el único hombre en mi vida. Desde que mi padre nos dejó cuando yo tenía 3 años, mi madre siempre se preocupó en demasía por mi, se esforzaba tremendamente para que yo no sintiese su ausencia, aunque no hacía falta, desde que tuve conciencia que mi padre no volvería jamás, asumí que ella sería todo para mí, y afecto jamás me faltó.
- Gracias ma, me intrigas, tu sabes como soy, vamos al grano, dime.
- Ok. tomó aire y dijo: Es López, el pintor, ¿lo ubicas? Toda la sangre que tenía acumulada en la cara se bajó de golpe a los pies, guardaba la tonta esperanza que me dijera, el gerente de la compañía, el lechero, el cartero, quien sea, menos él, menos López.
- Vaya sorpresa, mamá. Solté mientras me concentraba para no dejar de mirarla. Y claro que lo ubico (acoté)
- Bueno, hace tiempo que no me ilusionaba, pero ahora es diferente, es tan cumplido, tierno, amable, inteligente y tan, no sé tan… Sabía a lo que se refería, López tenía algo, magia, un encanto que lo hacía muy especial, el tono de su voz, la forma de hablar (aunque a veces parecía tener una papa caliente en la boca) Su sonrisa, no por nada yo estaba como estaba y por lo que me trataba de decir mi madre, yo no era el único que lo había notado.
- Debe ser lindo estar enamorado (le dije)
- Si, pero esto aún no es amor, ya soy grande, me he ilusionado y me gustaría que fuera algo bonito, pero las cosas no suceden porque se desean sino porque tienen que ocurrir.
- Entiendo, le dije, Ilusión. Hice un pequeño silencio y continué. Yo también conocí a alguien (tratando de no darle mucho peso)
- ¿Si? dijo, volteando hacía mí con una enorme sonrisa. ¿Quién, dime?
- No ma. No es nadie (respondí) Es más, no es nada serio, aparentemente.
- Bueno, uno nunca sabe (respondió con aire cómplice)
- Así es, uno nunca sabe, y menos aún de quien se va a enamorar.
- Bueno Ro, toma las cosas con calma, sólo el tiempo nos dará lo que nos toca recibir si es nuestro momento de recibirlo. Me voy a la cama, quiero dormir un poco más antes de ir a trabajar.
- Ok, yo subo enseguida (respondí) Se acercó, me dio un beso en la frente y se fue dejando su perfume como halo en su camino de subida. Mi madre siempre tenía palabras bellas para mi, aunque a veces su belleza era cruel por la sinceridad con la que me decía las cosas, pero era a lo que estaba acostumbrado y lo que yo siempre hacía con entereza cada vez que me daban la oportunidad de hacerlo, ya sea a ella o alguien que quisiera oír mi opinión. La televisión seguía encendida, no oía nada, el bolso estaba entregado a mi, pero ya no me interesaba, ya lo sabía todo. El sueño volvía a mi mente, su avance rápido y mi lento caminar. Tenía que olvidarme de él. No era correcto ni sano para mí. Me levanté del sillón, apagué la tele, lancé el control al sofá y volvieron los grillos. Tomé la jarra con el vaso y subí a mi habitación, dejé la jarra y el vaso sobre mi pequeño librero junto a la cama y me tumbé en ella. Abracé mi almohada y mirando a la ventana. El alba. Me dormí pensando en el abrazo tierno y fuerte de López.