La ruta
La melancolía no cabe dentro de mi gris pecho magullado, la soledad impertinente, ha llenado todos los bolsillos de los harapos que visto (mal zurcidos en una pueril época)
Los gavilanes hipócritas miran de soslayo, esperando un titubeo para emprender su voraz ataque. Desierto árido, sudor agrio contorneando mis pesados y enrojecidos ojos por no descansar...
no debo
El viento tira de mis ropas y como compañera del viento, punzante arena que viaja desenfrenada, directo hacia mi piel quebrada.
El dolor ya no es dolor, es solo una carga más en mi gibada espalda, que lleva todas las culpas en una sola.
No hay consuelo en mi ruta, solo lejanos seudo vegetales, verdes como la esperanza de llegar al final (si es que existe) y espinados como la triste realidad que vivo por ser hereje, desolación.
Mis asfixiados gritos solo provocan silencio en mi redor, donde la noche hace su aparición fastuosa.
En el confín de mis ojos, las constelaciones y en las suelas de mis borceguíes, mis callosas manos, abrazándome fuerte, encogiéndome para no sucumbir, para no sentir más frío, para intentar soñar sin quedarme dormido, para no perder mi núbil ilusión,
(ansiosa por abandonarme)…
El gentil viento dejo de azotarme y la noche descansa en el sillón más cómodo de el cielo, donde irrumpen las dadivosas tormentas que llenaran con valor mis poros y estos mis venas, que irrigaran con vehemencia mi cuerpo y así, sin cavilaciones, empezar una vez más el día cero.
Febrero 2000

1 Comments:
De cuclillas, abrazando mis piernas, con frío, así estaba, así me sentía, no tienen idea cómo lo disfrutaba...
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