Nocturno
La angosta y eterna franja naranja en el cielo,
delicada como mi alegría,
brota a borbotones de nostalgia.
¡Suenan coros eclesiásticos!
¡Avanzan trotes de manadas!
El corazón me convulsiona al ritmo de mis años con ansias de calor maternal.
Impactos de vientos,
féminas caricias,
la juventud se escapa entre las costuras de mi ilusión.
Mi cuerpo añora tu hospedaje,
el leve ruido tic tac,
despierta remolinos sometidos al calor de la prisa.
Desvelo,
malhechor en su usual visita nocturna.
Espero sentado, con voz sin aliento,
segregando amargura y
formulando el olvido…
Febrero 2000
Si, así es, a pesar de todo lo que me hizo, que lo hizo sin querer, al primero, no se confundan, si a ese, aún lo extrañaba.

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